sábado, 12 de mayo de 2012

El azúcar del café.



"Y al despertar no pude decir dos
Pero recordé cómo era tu voz
Diciendo amor".
Manuel Garcia.




Somos dos desconocidos dentro de un tazón, nos observamos pero no vemos nada, solo una vaga sonrisa abandonamos nuestro lecho, en busca de nuestros caminos, que más da si nuestras miradas nunca se cruzaron, que más da… si lo que importó fue disfrutar del tazón que nos consumió ese día, alborotando nuestros sentidos por una locura de luces dando vueltas, y así tomamos nuestros caminos, tú en aquel fugaz tranvía y yo acurrucada a aquel asiento de un bus que me llevó lejos donde la tormenta era más grande, ese día pude no haber ido, pero los impulsos me llevaron más allá, olvidando mi existencia para disfrutar unos minutos con un desconocido, aquel  que no bajó del cielo, el que se mantuvo allí  en cada pregunta que era de otro lado.
Y el tiempo nos tomó de sorpresa, nadie me lo quiso decir o yo no quise oír, mientras tú ahogado en aquel vaso de mi, luchando con mi corriente y aquel barco navegante que te hacia olvidar y enredar más tu mente, y aquel fatídico día que llegaste ese que te diste cuenta que estábamos en un tazón, aquel rotundo escalofrío de mi, que heló tu sangre, aquel remezón que tuvo tú cuerpo, mientras yo observaba el paisaje a mi alrededor, viendo como un juego se tejía como dos niños corrían por la orilla de un río, y no necesitamos más para ser aquellos en un juego de niños, que sin darte cuenta comprendías que ese seria tú día y yo sorprendida arrancando de tus adoloridos besos, temiendo que tuvieran sabor, pero aquel día las manos hablaron se unieron y no quisieron soltarse quisieron abrazarse pero no encontraron cuerpos, eran solo ellas y luego de seguir buscando lograron encontrar aquellos inertes cuerpos que en busca de enlazarse se unieron, despojando a todos sus pensamientos, sintiendo como se rozaban, se hundían, mezclaban sus olores, aquellos besos donde unieron sus bocas, en un movimiento alocado, sus miedos se fueron abrazando provocando lo que nunca temieron, disfrutando al ver sus manos como surcaban por los cuerpos explorando cada centímetro, se convirtieron en el azúcar del café que rondaron juntos en aquel tazón que un día los tuvo allí mirándose como si no se observaran, ni oyeran nada y hoy los tenía como uno solo, disfrutando cada sonrisa que nada nos decía, pero que todo veía, pero siempre el tazón debe quedar vacío y cada uno tomó su camino de vuelta a casa, pero ya no era igual, ya no eran los mismos, una parte que quitó su reina aquel alfil volvió por ella, pero no encontraron mejor que volver hacer el café  y colocar azúcar a aquel tazón, unidos disfrutaron de un mar de colores que tiñó sus corazones y hoy besan lo que llamaron alma y escondieron sus ropas para no volver a irse y unirse mezclándose como lo hace el café y el azúcar , evaporándose los sueños incumplidos,  olvidando que el café puede desaparecer enterrando en aquel tazón los miedos y los infortunios, dejando que fluya la espuma de su amor.

viernes, 11 de mayo de 2012

Hoja de otoño.

Son simples hojas                                                            
más da mirarlas como caen
como si olvidaran la vida que un día tuvieron
se entregan al vacío sin más 
casa vuelta que dan es como un regocijo
que cuando termina tú quedas pensando...
Y ahí se terminó

Los siguientes instantes proceden lentamente como los negativos que olvidé en una banca
ella está allí, el viento la mueve, pero no se la lleva
cuando logra encumbrar el nuevo destino es llevada a una parte de la tierra desconocida
ahí establece su nuevo nicho, el fin de su existencia

Aquel pie que resonaba desde lejos
aquella pisada que terminó por resquebrajar las últimas lineas
la herida que gimió
Y el dulce rostro destrozado por la humanidad
hoy ya no es más que polvo y tierra
Todo lo que desechamos terminó allí
Así nos olvidamos de la existencia
La existencia de aquella frágil hoja
que por lo demás no es hoja
sino el hijo que olvidaste.

domingo, 6 de mayo de 2012

Todo se lo lleva el viento.

 
 Un día escribiste que el hoy no iba a ser más
que la suave luna acariciaría mis mejillas 
que las hojas al caer formarían un deseo
La dulce noche abrazaría mi cuerpo,
nos uniría,  mezclaría  y yo pensaría en ti como nunca antes lo había hecho.

Pero hoy, hoy no hay nada
No puedo ver la luna, la noche es muy oscura
me abrazan las negras nubes convirtiendo todo a su paso en cenizas 
el viento que vuela las hojas que quisieron decir algo
y tú cuerpo, este que está flotando en el agua
al que no hay nada que mezclar, ya que el agua hizo lo suyo.

¿Y donde está lo maravilloso de nuestro amor?
¿Y donde quedaron las promesas recibidas de aquel entonces?
No hay nada, ni hojas, ni noche estrellada
Todo se lo llevó el viento y junto a él yo voy.