"Y al despertar no pude decir dos
Pero recordé cómo era tu voz
Diciendo amor".
Manuel Garcia.
Somos dos desconocidos dentro de un tazón, nos observamos
pero no vemos nada, solo una vaga sonrisa abandonamos nuestro lecho, en busca
de nuestros caminos, que más da si nuestras miradas nunca se cruzaron, que más
da… si lo que importó fue disfrutar del tazón que nos consumió ese día,
alborotando nuestros sentidos por una locura de luces dando vueltas, y así
tomamos nuestros caminos, tú en aquel fugaz tranvía y yo acurrucada a aquel
asiento de un bus que me llevó lejos donde la tormenta era más grande, ese día
pude no haber ido, pero los impulsos me llevaron más allá, olvidando mi
existencia para disfrutar unos minutos con un desconocido, aquel que no bajó del cielo, el que se mantuvo
allí en cada pregunta que era de otro
lado.
Y el tiempo nos tomó de sorpresa, nadie me lo quiso decir o
yo no quise oír, mientras tú ahogado en aquel vaso de mi, luchando con mi
corriente y aquel barco navegante que te hacia olvidar y enredar más tu mente,
y aquel fatídico día que llegaste ese que te diste cuenta que estábamos en un
tazón, aquel rotundo escalofrío de mi, que heló tu sangre, aquel remezón que
tuvo tú cuerpo, mientras yo observaba el paisaje a mi alrededor, viendo como un
juego se tejía como dos niños corrían por la orilla de un río, y no necesitamos
más para ser aquellos en un juego de niños, que sin darte cuenta comprendías
que ese seria tú día y yo sorprendida arrancando de tus adoloridos besos,
temiendo que tuvieran sabor, pero aquel día las manos hablaron se unieron y no
quisieron soltarse quisieron abrazarse pero no encontraron cuerpos, eran solo
ellas y luego de seguir buscando lograron encontrar aquellos inertes cuerpos
que en busca de enlazarse se unieron, despojando a todos sus pensamientos, sintiendo
como se rozaban, se hundían, mezclaban sus olores, aquellos besos donde unieron
sus bocas, en un movimiento alocado, sus miedos se fueron abrazando provocando
lo que nunca temieron, disfrutando al ver sus manos como surcaban por los
cuerpos explorando cada centímetro, se convirtieron en el azúcar del café que
rondaron juntos en aquel tazón que un día los tuvo allí mirándose como si no se
observaran, ni oyeran nada y hoy los tenía como uno solo, disfrutando cada
sonrisa que nada nos decía, pero que todo veía, pero siempre el tazón debe
quedar vacío y cada uno tomó su camino de vuelta a casa, pero ya no era igual,
ya no eran los mismos, una parte que quitó su reina aquel alfil volvió por
ella, pero no encontraron mejor que volver hacer el café y colocar azúcar a aquel tazón, unidos disfrutaron
de un mar de colores que tiñó sus corazones y hoy besan lo que llamaron alma y
escondieron sus ropas para no volver a irse y unirse mezclándose como lo hace
el café y el azúcar , evaporándose los sueños incumplidos, olvidando que el café puede desaparecer
enterrando en aquel tazón los miedos y los infortunios, dejando que fluya la
espuma de su amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario